IMPULSO: Convirtiendo el sacrificio en tu mejor amigo

Hace unos días me encontré en Internet nuevamente una porción del documental “Pumping Iron”, protagonizado por Arnold Swcharzenegger, Lou Ferrigno y otros culturistas famosos de los años 70s. Hubo un comentario que llamó poderosamente mi atención; le preguntaron a Schwarzenegger cuál era su secreto para ser invencible en las competencias y su respuesta fue muy simple. Dijo: yo hago 4 repeticiones más que los demás de cada ejercicio. Los otros competidores paran cuando sus músculos ya no tienen fuerza, yo por el contrario hago un esfuerzo extraordinario para hacer esas 4 últimas repeticiones, aunque pareciera que mi cuerpo ya no tiene manera de lograrlo. Ese último esfuerzo es lo que hace que mis músculos crezcan más que los de cualquier otro competidor.

 

Si analizamos todos nuestros éxitos a lo largo de nuestra vida nos daremos cuenta que en todos los casos hicimos lo que Schwarzenegger menciona: un esfuerzo superior al usual. Cuando aprendiste a escribir, te equivocaste una y mil veces, pero lo lograste. Cuando aprendiste a andar en bicicleta, te caíste y te levantaste un sinnúmero de ocasiones. Cuando quisiste tener estudios universitarios, te levantaste a las 5am todos los días por años, leíste infinidad de libros y dedicaste muchísimas horas a cultivar tu intelecto.

Absolutamente todos tus éxitos han implicado un sacrificio. Si recuerdas todas tus mayores satisfacciones observarás ese factor de sacrificio. Quien tiene hijos, los considera usualmente su mayor orgullo y su mayor fuente de amor, a pesar de que su llegada siempre viene acompañada de dolores de parto, regaños, lágrimas, desvelos y muchísimos gastos. Si tenemos tantos ejemplos de que momentos felices provienen de esfuerzos extraordinarios, ¿en qué momento nos convencimos de que la felicidad se da en la comodidad?

 

La comodidad es una consecuencia del sacrificio, no se genera sola. Cuando regresas del gimnasio, te sientes tan bien, te sientes cómodo. Cuando horas y horas de estudio y práctica te compran un buen trabajo o un emprendimiento exitoso, se siente tan bien. Cuando tu trabajo te permite comprar un estilo de vida cómodo para ti y tu familia se siente tan bien.

El sacrificio y la incomodidad son nuestros mejores amigos, sin embargo, por muy diversas razones los evitamos, los rechazamos y preferimos quedarnos sentados “cómodamente” sintiéndonos culpables de nuestra pereza y quejándonos de nuestro nivel de vida.

Te reto a que por un mes, solo 4 semanas, aceptes al sacrificio como tu mayor amigo y hagas todo lo que has dejado pendiente por años. Esa dieta que has pospuesto, ese negocio que has pospuesto, esas sesiones de ejercicios que has pospuesto, esos cursos que has pospuesto. ¿Te vas a equivocar? Por supuesto que sí, considera que los beneficios conllevan siempre un riesgo, a mayor ganancia hay mayor riesgo. Por eso, si quieres hacer un cambio drástico, lleva un proceso que minimice tu riesgo, pero que te permita tomar vuelo y tener logros incrementales.

 

Empieza con 4 semanas de pequeños sacrificios, que se vayan incrementando y observa el salto extraordinario que dará tu calidad de vida.