12 habilidades que necesitas convertir en hábitos para incrementar tu productividad y tus ingresos.

¿Cuántas veces te has gastado cantidades estratosféricas de dinero y de tiempo en algo que no has aprovechado? Clases de idiomas, gimnasios, libros de desarrollo personal, cursos de todo tipo. ¿Cuáles son los resultados?

El problema nunca es lo que pensamos que es el problema. No tenemos problemas de sobrepeso, de hecho nuestros hábitos alimenticios y de actividad física tampoco son el problema. El no ir al gimnasio o no aprender el idioma o no tener dinero tampoco son problemas. Todo eso son simplemente los síntomas de algo que yace más profundo en nuestra mente y por ello es invisible a primera vista y no es fácilmente reconocible solo leyendo un libro, una frase o asistiendo a un curso.

Así hoy por ejemplo, hoy el coronavirus tampoco es el problema; el problema es que no hemos desarrollado los hábitos para prevenirlo y enfrentarlo. Hay 12 habilidades que te aseguro que las personas que las utilizan habitualmente hoy no están preocupadas por el coronavirus, de hecho seguramente sus vidas están libres de grandes preocupaciones.

  1. Estabilidad emocional.

Tu tarea de vida número 1 es mantener tu estabilidad emocional. Cuando no la tienes presente todas tus debilidades se exacerban y se cae estrepitosamente tu productividad. Si eres una persona distraída, cuando estás intranquila tu distracción se multiplica X1000. Si eres una persona agresiva cuando estás intranquila tu agresividad se multiplica X1000. Si eres una persona tímida tu timidez se multiplica X1000. Por ello el estrés en exceso no solo es el enemigo número 1 de tu salud sino también de tu productividad.

Todo en la vida es malo en exceso, pero tiene sus beneficios en las dosis adecuadas. Piensa por ejemplo en la disyuntiva que estamos viviendo hoy día con el coronavirus. Tenemos dos opciones: dejar que la ansiedad nos consuma y nos inmovilice o aprovechar esa ansiedad como una motivación extra para buscar alternativas creativas para resolver nuestros problemas y hacer realidad la famosa frase “aquello que no te mata te hace más fuerte”. Y bien sabemos que las probabilidades de que el virus nos mate son extremadamente bajas.

Si quieres conocer más sobre cómo lograr tu estabilidad emocional lo puedes encontrar en otras entradas de mi blog y también te recomiendo el libro de Tim Gallwey “el juego interno del tenis”.

2. Proactividad.

Más adelante mencionaré la fe como una cualidad muy importante en nuestra vida, pero nuevamente es una cuestión de medidas. La fe en exceso se percibe como irresponsabilidad, pero es muy útil cuando va acompañada de la proactividad.

La proactividad nos permite hacernos responsables de nuestros resultados; movernos a la acción para prever problemas, para generar alternativas creativas, para no dejar que los problemas se conviertan en crisis.

Podemos hoy pensar que es culpa de los gobiernos la crisis del coronavirus, pero siendo honestos con nosotros mismos seguramente encontraremos mil alternativas que no explotamos para estar mejor preparados para la crisis, de hecho, para evitar la crisis, quizás no de manera global, pero sí en un alcance personal y familiar. Si no lo hiciste esta vez, aún tendrás muchas oportunidades en tu vida para hacerlo.

3. Ambición.

La ambición es una palabra a la que usualmente le damos una connotación negativa, pero nuevamente notaremos que en su justa medida es muy positiva. Grant Cardone, gurú de ventas multimillonario justifica la ambición con una pregunta muy directa. ¿Cuánto necesitarías para mantener tu nivel de vida por el resto de tus días si a partir de hoy no pudieras trabajar? Incluso una persona de salario mínimo gana más de 2 millones de pesos en 50 años. ¿Tienes esos dos millones para mantener al menos un nivel de vida de salario mínimo durante 50 años? Eso sin considerar la inflación y las devaluaciones. ¿Por qué entonces nos conformamos con un ingreso que apenas cubre nuestras necesidades actuales? Estamos dejando por completo la responsabilidad de nuestra vida a Dios, a la suerte, al Universo, lo que sea en lo que creamos.

Recuerdo una plática que tuve hace años con una Directora de Recursos Humanos que me comentó que le molestaba saber que algunos de los vendedores de la compañía tenían otros negocios; había recomendado su despido. Le comenté que los mejores vendedores que he conocido en mi vida son personas que tienen dos, tres o hasta más fuentes de ingresos, aunque sean empleados de una compañía. Son personas que no malgastan su tiempo en las redes sociales, tienen una capacidad increíble de organizarse y un empuje envidiable. Incluso si le dan solo un 30% de su tiempo a la compañía son capaces de generar más ingresos que aquellos que le dedican (teóricamente) a la empresa el 100% de su tiempo.

La falta de ambición es una de las mayores debilidades que se observan en los grupos de ventas en las compañías. Todos van por una cuota y cuando la alcanzan se relajan, si es que la alcanzan. Pocas personas tienen en su mente el enfoque de largo plazo y están conscientes de que la meta no debe ser la cuota, sino alcanzar ese número de Grant Cardone que nos permita mantener el nivel de vida deseado incluso en épocas de crisis. No se trata solo de llegar al número que la empresa necesita, se trata de llegar a una posición donde tengas el control de tu vida y tus circunstancias incluso en las peores situaciones.

4. Enfoque.

En mi blog he escrito en varias ocasiones sobre los 5 rasgos de personalidad: extroversión, complacencia, neuroticismo, apertura y tesón. De los 5, tesón es el más importante en lo relativo a nuestra capacidad para hacer dinero. No solo es perseverancia, sino tiene un segundo elemento: la organización. Y este segundo elemento es en el que normalmente nos confundimos; organización no es tener toda nuestra información muy bien acomodada y llevar una agenda diaria. Se trata de resolver; puedes llevar la agenda más sofisticada, pero de nada servirá si está llena de pendientes que nunca has resuelto. A eso se refiere el enfoque, a la capacidad de organizar tus pensamientos y tus planes y realizar las acciones que los materialicen. De nada sirven mil ideas, si ninguna de ellas la llevamos por el proceso completo de materialización. Es mejor tener una idea bien implementada, que tener 1,000 sin implementar.

5. Constancia.

La constancia es un producto de la motivación y la motivación es un producto del propósito. Si no tienes claro tu propósito jamás alcanzarás el nivel de motivación necesario para desarrollar la constancia.

El propósito es una visión de ti mismo a largo plazo. No pienses en términos de tener, sino ser. El tener es la consecuencia del ser. Si ERES constante, enfocado, ambicioso, proactivo, estable, optimista, sociable, entonces vas a poder TENER lo que desees.

Así, cada vez que pienses en algo que quieres tener, piensa, ¿qué tipo de persona necesito ser para poder conseguirlo? Te falta confianza para conseguirlo, necesitas adquirirla. ¿Te falta enfoque? Necesitas adquirirlo.

Cuando te pongas una meta, pregúntate ¿para qué la quiero? ¿Qué voy a ganar en cuanto a la visión a futuro que tengo de mi persona? Así, si eres una persona que le motiva el reconocimiento, dáte cuenta que en realidad no deseas un auto lujoso sino deseas el reconocimiento que implica tenerlo. Si eres una persona protectora, no es dinero lo que te motiva, es la ayuda que puedes prestar a otros con ese dinero. En cada proyecto si te preguntas ¿para qué? encontrarás la motivación real detrás de lo que quieres y esa imagen te proporcionará el empuje que requieres para adquirir la constancia para conseguirlo. Te dejo 8 motivaciones que la psicología ha manejado desde hace más de 50 años: supervivencia, seguridad, poder, orden, competencia, ideales, aprendizaje, cooperación global. ¿A ti qué te mueve? ¿qué tipo de persona necesitas ser para conseguir eso que te mueve?

6. Análisis.

Si eres una persona muy extrovertida, probablemente la reflexión y el análisis personal te cuestan trabajo, ya que implican ir hacia adentro y hacerlo a solas en muchas ocasiones. Para un introvertido es una tarea más fácil usualmente. Lo cierto es que sin importar el tipo de persona que seas, la capacidad de análisis es indispensable para el aprendizaje y la ejecución exitosas.

La creatividad por sí sola no es suficiente para innovar o solucionar problemas. Con creatividad generamos muchas ideas, pero sin análisis no tendríamos la posibilidad de materializarlas.

Una cualidad muy importante del análisis es la visión sistémica. Necesitamos aprender a ver todo como un sistema donde no todo sucede de inmediato sino que tiene consecuencias a futuro que es importante considerar. Una frase clásica de la visión sistémica es: “Las soluciones de ayer, son los problemas de hoy”. Frase muy valiosa para evitar la tentación de aplicar soluciones rápidas que solo nos explotan en las narices en el futuro.

Nuestra intuición es una vocecita muy poderosa que usualmente descartamos, no la descartes, analiza las consecuencias a futuro de tus acciones y ve si estás dispuesto a vivir con esas consecuencias porque los beneficios superan a las desventajas.

7. Apertura a la experiencia.

La apertura a la experiencia está fuertemente relacionada con nuestra inteligencia y nuestra capacidad para aprender.

Si le hubiéramos preguntado a Einstein cuánto sabía de física, con seguridad nos hubiera contestado al igual que Sócrates: “Yo solo sé que no sé nada”. Por el contrario si le preguntamos a un niño de primaria probablemente nos diga que lo sabe todo, simplemente porque no sabe que no sabe. La cualidad de “saber que no sabemos” es muy importante para mantener una mente abierta al aprendizaje. Y esa misma cualidad nos permite tener fe y saber que nuestro intelecto es muy limitado, que la vida nos presentará muchas más alternativas de las que ahora estamos viendo y que si estamos abiertos a esas alternativas tienen el potencial de convertirse en grandiosas oportunidades. La fe es la aceptación de que hay muchas cosas que no sabemos que no sabemos y eso nos abre un infinito mundo de posibilidades.

Y nuevamente vamos a la importancia de las medidas; la apertura excesiva nos lleva a una pérdida de enfoque donde estamos abiertos a tantas posibilidades que no tenemos la capacidad de enfocarnos en ninguna. Nos lleva también a la ingenuidad donde todo lo aceptamos sin ningún análisis ni crítica.

La mejor recomendación la encuentro en el modelo de Disney, que nos invita a comenzar nuestros proyectos desde una perspectiva soñadora (abierta a la experiencia por completo) y después pasar los productos de esa fase por una etapa realista (análisis) y terminar el proyecto en una fase crítica (aterrizaje).

8. Asertividad.

He encontrado que la falta de asertividad es uno de los factores más críticos para obtener el éxito y pone en serio riesgo nuestra estabilidad emocional.

Piensa en la imagen que tienes de un líder. La mayoría de las personas pensarán en alguien que exuda seguridad, que defiende sus ideas, que negocia con fuerza y es extrovertida. ¿Es esto suficiente para ser un líder? No, pero sí es suficiente para parecerlo y en muchas ocasiones es suficiente para obtener ascensos en una empresa, para atraer una pareja y alcanzar muchos éxitos. Ese es el poder de la asertividad.

El otro beneficio de ser asertivo se da en la autoestima y la salud emocional. Si no compartes tus ideas y sentimientos y defiendes tus deseos y necesidades nadie lo va a hacer por ti. De hecho, serás un imán de los bullies que tienen esa capacidad de “oler” la inseguridad. En la mayoría de las empresas serás invisible a las posiciones de alto nivel, porque “no pareces un líder”. Si nunca negocias un aumento de sueldo o un ascenso, es mucho más probable que nunca lo recibas. Si no vas a una negociación con un cliente con la actitud de ganar muy probablemente el cliente te va a avasallar.

Todas esas situaciones generan una pérdida de autoestima, y aún peor, una carga de resentimientos que si se alarga en el tiempo puede llegar a estallar.

¡Comparte, reta, arriésgate! No prives al mundo y a ti mismo de todo lo que tienes para aportar.

9. Cordialidad.

Un exceso de asertividad fácilmente puede convertirte en un indeseable en la sociedad. Muchas personas pueden incluso admirar tal despliegue de fuerza y seguridad, pero pocos quieren estar cerca y lidiar con ella.

Conozco a varios vendedores y empresarios que son extremadamente competitivos y asertivos, ganan muchísimas negociaciones y en muchas ocasiones apabullan a sus clientes o a sus empleados. Aquí vale la pena recordar la visión sistémica que les mencioné: “las soluciones de hoy son los problemas de mañana”. ¿Estoy dispuesto a engañar a un cliente para venderle hoy y perderlo mañana cuando se dé cuenta del engaño? Cordialidad como rasgo de personalidad, no solo significa amabilidad; es una verdadera empatía, donde tengo un genuino interés por el otro, no solo en mí mismo. De otra forma será solo hipocresía que será descubierta más temprano que tarde y perderá todos sus beneficios temporales.

10. Autoconfianza.

Hay una frase que leí hace algunos años en el blog del psicólogo Benjamin Hardy que me dió una gran claridad de cómo se gana la autoconfianza. Dice algo similar a: La gente piensa que el éxito es producto de la autoconfianza, la realidad es que la autoconfianza es producto del éxito. Tiene mucha lógica porque la realidad es que sería sumamente difícil tener una alta autoestima y una alta autoconfianza si la percepción de ti mismo es que eres un fracaso. Por ello se da esa eterna recomendación de que te dediques a lo que realmente te gusta. Cuando disfrutas lo que haces porque está alineado a tu propósito (visión futura de ti mismo), entonces encuentras la motivación para alcanzar la constancia que se requiere para lograr el aprendizaje y el éxito.

Tenemos imágenes ya muy arraigadas de éxito: logro profesional, dinero, poder, etc., pero si analizamos lo que realmente nos hace sentir exitosos notaremos que está muy ligado al aprendizaje y la transformación. Cuando aprendemos algo nuevo, sentimos éxito y ese sentimiento nos llena de autoconfianza. Por eso si quieres ganar autoconfianza el único camino que tienes es el del aprendizaje. Y todos sabemos que el aprendizaje se da por repetición, haciendo las cosas una y mil veces, encontrando placer en los avances, sobre todo si tienes claro tu propósito y te das cuenta que la constancia en tus avances te está llevando más cerca cada vez de tu objetivo.

11. Sociabilidad.

Hace unos años fui por primera vez a un curso de expresión oral. Algunos estábamos ahí porque queríamos ser mejores presentadores, otros eran actores, otros eran locutores de radio y los que más me llamaron la atención fueron dos seminaristas católicos. La percepción que tenemos de un seminarista es de una persona sencilla, responsable, seria, introvertida y estos dos chicos cumplían perfectamente con mi percepción preestablecida. Eso me hizo pensar: estos chicos (20 años de edad máximo) van a ser líderes de mucha gente que los seguirá con confianza y fe. Para ganarse esa confianza necesitarán habilidades sociales que claramente no tenían y que en la práctica no se dan con facilidad en personas con personalidades introvertidas como las de ellos. Y ahí fui testigo de la magia de la apertura a la experiencia. Estos jóvenes se comportaron con una humildad increíble, abriéndose por completo a aceptar sin discusión las instrucciones de nuestro maestro. Al inicio, se veía claramente su incomodidad pero siempre con la disciplina de seguir las instrucciones por más complicadas que éstas fueran. Los ejercicios del curso eran un verdadero reto a la timidez; nos hacían cantar, imitar animales, hablar sexy o pretender enojo. El resultado de estos jóvenes al final de los tres días fue extraordinario, eran dos personas completamente transformadas; platicaban con los demás, se reían, incluso hacían bromas, ni rastro de esos tímidos con la cabeza agachada que llegaron al curso. No solo eran mejores presentadores, eran mucho mejores personas.

La reflexión que me quedó de esa experiencia es que ganar habilidades sociales, como todo aprendizaje en la vida, implica abrirse a la experiencia, exponerse al ridículo y arriesgarse a la falla. Los introvertidos tienen una desventaja en lo que se refiere a habilidades sociales, sin embargo, tienen una gran ventaja: pocas personas saben escuchar como ellos y muchas otras tienen la gran necesidad de ser escuchadas.

No necesito ni describir las ventajas de las habilidades sociales; vivimos en comunidad, interactuando con muchas personas diariamente, más nos vale saber navegar con facilidad ese mar de relaciones que habremos de experimentar a lo largo de nuestra vida.

12. Optimismo.

A la mente la comparo con una mamá sobreprotectora. Tony Robbins tiene una frase muy buena a ese respecto: “La mente no está diseñada para el éxito, sino para la supervivencia.”

Así es como nuestra mente/mamá protectora nos está siempre pidiendo que no salgamos de nuestra zona de confort porque fuera de ahí está lleno de peligros. Ya no son tantos peligros de muerte como en la antigüedad, pero sí muchos peligros de sufrir rechazo, miedo, frustración y muchas otras cosas que no nos son agradables. La perspectiva de encontrar esos peligros nos mantiene en la inmovilidad y la mediocridad. Por eso el optimismo se da fuera de la mente, se da en la “no-inteligencia”. Si observas en tu entorno encontrarás que las personas más exitosas no son las más inteligentes, son las hacedoras, las que frecuentemente le dicen a su mamá mente: no te preocupes, tengo todo bajo control y voy a hacer lo que tengo que hacer aunque sea un poco peligroso. ¿Cómo hacerlo con el menor riesgo? Te doy dos ejemplos que ya he utilizado en otros escritos porque son de mis favoritos:

Casarte. ¿Es inteligente hacerlo? Para muchos sí lo es y sin embargo yo te puedo dar mil razones que pueden hacer parecer que quien se casa es una persona muy estúpida. Tu mente puede encontrar esas mil razones por las que es estúpido casarte, por lo que para hacerlo necesariamente rechazarás sus recomendaciones; eso sólo lo harás si tu motivación es mayor que tu miedo.

Segundo ejemplo, imagínate que deseas lanzarte en paracaídas. ¿Es inteligente hacerlo? Por supuesto que no. ¡Te puedes matar! Pero si lo haces la ganancia es grandiosa; te hace sentir valiente, poderoso, invencible. Te hace ganar una gran confianza y eleva tu autoestima. ¿Cómo hacerlo con el menor riesgo? Tu inteligencia la utilizas para analizar los mejores lugares para saltar. Investigas con tus amistades si alguien tiene experiencia, si te pueden recomendar los mejores lugares para saltar en paracaídas. Tu mente te ha provisto de tu capacidad analítica para hacer ese análisis e investigación, así escoges el lugar, te subes al avión y un instante antes de saltar tu mente te recuerda que lo que estás haciendo es peligrosamente estúpido y en ese momento tú tienes dos opciones: te paralizas por el miedo que tu mente te está generando o la “apagas” por un pequeñísimo instante y te lanzas al vacío. Ese “apagado” momentáneo, ese instante de “no-inteligencia” usualmente le llamamos fuerza de voluntad.

Permítete frecuentemente instantes de “estúpido” optimismo con la conciencia de que sí hay muchos peligros por delante, pero también hay un mundo de satisfacciones, éxitos y oportunidades si te atreves a correr el riesgo de ir por ellos.